jueves, 8 de junio de 2017

Conviviendo con él.

Capitulo 02


Llevaban una hora tiradas en la cama sin decir ni una sola palabra.

Mei había ofrecido su casa, sabía que lo haría, pero tuvo que rechazar su oferta.

No quería irse a México pero entendía que la mamá de Mei no estaba en condiciones de cuidar de ella.

—Podrías escapar. Sé que es una idea infantil y tonta pero es lo único que se me ocurre ahora mismo.

Río por lo bajo.

—No es tonta, pensé en eso muchas veces desde que me dieron la noticia.

—¿Cuándo dijeron tus papás que lo resolverían?

—No me dieron un tiempo, pero ya pasaron tres días y... él viajaría en una semana y media.

—Si lo pensas detenidamente, la mayoría de nosotros vivimos prácticamente solos. Joaco y Hernán no ven a sus padres por semanas cuando están en campaña. Mi papá ni siquiera se preocupa por saber de mi vida, y mi mamá está en su constante estado de no entender que pasa a su alrededor. Pero tus papás son más chapados a la antigua en esto. Pensé que era algo bueno, pero ahora no tanto.

—Eso mismo le plantee a mi mamá en el desayuno de ayer.

Volvieron a quedar en silencio.

—Bueno, volvamos a la rutina de mis visitas a tu casa. Podrían ser de las últimas.

Se puso de pie y se dirigió hacia su vestidor.

Habían tomado la costumbre de probarse la ropa de la otra porque siempre era bueno saber que tenían como opción en el vestidor de la otra en caso de necesitarlo en una emergencia.

—Si me voy a México tampoco voy a estar para que me saques la ropa.

Mei sólo asomó el dedo del medio desde el vestidor.

Iba a extrañar a su amiga. Se habían sentado una a lado de la otra desde primer año, eran nuevas en un colegio nuevo e inmediatamente congeniaron.

Mei era sería, distante e irónica, mientras que Pupi era todo lo contrario. Sabía que la fama de perras agrandadas que se habían ganado en el colegio se debía principalmente a la ironía con la que Mei trata a las personas, pero era precisamente por eso que la quería tanto.

Se complementaban increíblemente bien. Eran como el Ying y el Yang.

Salió del vestidor con el jean negro que le había comprado su mamá la semana pasada.

—Estos son fabulosos. ¿Habrá en otros colores?

—Podemos ir a ver mañana.

—Hecho. Hay algo que tengo que contarte. —Se puso nerviosa de golpe. Eso era raro en ella. Así que se sentó en la cama— El lunes me... Le dije a un chico que me gustaba. —Pupi abrió bien los ojos—. Y me rechazaron.

¡WOW! Esto era algo absolutamente nuevo.

—¿Era muy mayor? ¿Era casado?

Mei río. Sus gustos por los chicos eran algo peculiares. No encontraba atractivos a los chicos de su edad. Hasta ahora, todos con los que había salido eran mayores de 21 años. También era la razón por la que había rechazado a todos los chicos del colegio.

—¡No! Me gustan maduros pero no exagero. Es un año más grande. Le dije a Ian si...

—¡Stop! ¿Ian? ¿Ian... antisocial Ian?


—El otro día, que trató de infantil a Joaco, fue tan sexy. Tan adulto. Así que empecé a fijarme en él. No es feo. Estoy segura que de no ser tan antisocial sería bastante popular entre las chicas.

Ella había hecho la misma apreciación. No era un chico feo, pero... Era raro.

—¿Te rechazó? ¿Por qué?

—Porque no le intereso. En realidad fue bastante directo en eso. No le interesa salir con nadie.

Pupi se quedó pensando unos segundos.

—¿Será gay?

Su amiga lo considero unos segundos.

—Puede ser...

Un golpe en la puerta las interrumpió, Pupi fue a abrir.

Era su mamá con una bandeja de frutas.

—Wow, Mei ese jean te queda increíble. — exclamó mientras apoyaba la bandeja en la mesa de té de su habitación.

—Gracias Martina.

—¿Te quedas a cenar con nosotras?

—¿Papá no llega hoy tampoco? —Eso ya se estaba volviendo una rutina.

—No, cielo.

—Puedo quedarme. Si se van a ir quiero disfrutar de ustedes el tiempo que quedé.

—Sobre eso...

—Ustedes son mi familia. Me duele mucho que tengan que irse y ofrecería mi casa, pero sé que no se puede convivir con el actual estado de locura de mi mamá, y no se irían tranquilos, y no obligaría nunca a Pupi tener que convivir con eso. Pero conozco a Pupi y no es una chica rebelde, o que comete locuras. Tiene 16 años y aún es virgen.

—¡Mercedes! —grito Pupi.

—¡Sos virgen! Y pongo las manos en el fuego por ella. Sé que si la dejan sola acá, cuando vuelvan seguirá tan virgen como ahora. Además no va a estar sola, voy a estar con ella.

Pupi estaba tan avergonzada. No tenía valor para mirar a su madre. Incluso aunque ella se reía.

—Aprecio tu sinceridad, Mei. Iba a hablar de esto durante la cena. Papá quería hablarlo pero no va a llegar, así que me toca hacerlo por los dos...—esto captó la atención de Pupi. Su madre se sentó en la cama y le sujeto la mano. — No es fácil, hemos discutido mucho con tu papá estos días, y él sigue insistiendo que no es justo que cambies todo por él, así que... —tomo una bocanada de aire — decidimos darte la confianza para que vivas sola este año.

Miro a Mei, y luego a su madre. ¿Acababa de escuchar bien?

—¡OMG! ¡Gracias! —Abrazo a su madre —. ¡Gracias!

—Pero hay un tema, nosotros viajamos el viernes de la semana que viene, debemos encontrarte un departamento antes de eso, porque la casa la ocupará el actual director comercial el lunes y queremos dejarte instalada.

—Ya nos ponemos a buscar. —Mei corrió hacia la PC que estaba sobre el escritorio.

—Gracias Ma.

—No tendrás que bajar tus notas, y a la primera situación sospechosa te tomas el primer vuelo a México que encuentre, ¿Ok?

—Ok. Prometo que no bajaré las notas y no me meteré en problemas.

—Habrá reglas que tendrás que cumplir para que aceptemos que vivas sola.

—Lo que sea.

—El departamento debe estar cerca del colegio. No quiero que estés sola en la calle de noche. Como esta experiencia se trata de madurar, se te dará una mensualidad y de ese dinero tendrás que pagar el alquiler, la comida, la tarjeta de crédito.

—Como un sueldo.

Su madre asintió.

—Pediré al colegio que me envíen por email tus notas cada principio de mes, en cuanto detectemos una baja en tu rendimiento esta aventura se termina. Tu trabajo es ser estudiante, y esa debe ser tu principal prioridad.

Asintió a su madre.

—Martina — Mei captó la atención de las dos—. Recomendaría que no digan en el colegio que estará viviendo sola. Las docentes son las más chusmas, la noticia va a empezar a circular y con eso los rumores. No digo que mientan, solo digan una verdad parcial, como que sólo Daniel viaja, y por eso quiere las notas en el email.

—Pero...

—Los chismes siempre llegan de boca de los docentes, ellos son más elitistas que nosotros y no sería bueno, conociendo lo ortodoxos que son, que sepan que Pupi vive sola.

—Eso es cierto, ma. Podes decir que estaré sola un mes porque acompañas a papá para que se instale y luego volves al país.

Su madre las miró confundidas. Odiaba mentir.

—Espero que no nos estemos equivocando con esto.

Mei se aferró en un fuerte abrazo con Martina.

—Gracias por mostrarme el verdadero amor de familia. Los voy a extrañar mucho y gracias por dejarme a mi hermana del alma conmigo. Se estaban llevando a una de las partes más hermosas de mi vida.

Pupi se unió al abrazo.

—Voy a ir a preparar la cena.

Martina se alejó secándose las lágrimas.

—¡Nosotras tenemos que encontrar un departamento! —Mei la arrastró hacía la PC y comenzó a tipiar.

Llevaban una hora buscando pero los precios por la zona eran muy excesivos. Y los que tenían un precio razonable no aparentaban estar en buen estado.

—No le voy a decir a nadie. Vas a ser la única que lo sepa.

—Me parece lo mejor. Mira esté. —Mei señaló la pantalla y Pupi se sentó más cerca para mirar—. A quince cuadras del colegio. Tres ambientes. Y es muy barato. Pero en las fotos luce bastante bien.

—¿Dice amueblado?

Ambas se miraron.

—Algo debe tener. Hay un celular. Llama.

***

¿En que estaba pensando cuando pacto una visita al departamento un sábado a las 8AM? Por lo menos sus padres estaban con ella. No creía estar en condiciones de relacionarse con nadie. Su cerebro aún estaba dormido.

La señora de la inmobiliaria apareció quince minutos tarde y eso puso de mal humor a su papá, que era fanático de la puntualidad. Maldijo a la señora, no quería que nada saliera mal, o que hiciera que sus padres cambiaran de opinión.

El departamento era hermoso. Un living comedor muy amplio, separado por un desayunador estaba la cocina. Un cuarto de baño con bañadera, y dos habitaciones. Desde el comedor se accedía a un pequeño balcón y las dos habitaciones eran idénticas y las únicas vacías. El resto estaba todo amueblado.

—¿Por qué el precio es tan bajo? —pregunto su padre. Ella también desconfiaba de eso.

—La dueña quiere alquilarlo con urgencia. Pertenecía a su hijo que falleció hace tres meses en un accidente y no puede hacerse cargo de los gastos. Por esa razón también deja los muebles. No tiene donde dejarlos.

—Pobre mujer —Susurró su madre— debe estar destrozada.

—Sí, por eso la urgencia por alquilarlo.

—Vivirá por un tiempo mi hija sola, por trabajo debemos viajar. ¿Cómo es el barrio? —Su padre aún desconfiaba, su feroz mirada estaba incomodando a la señora.

—El barrio es muy tranquilo. La inmobiliaria está a dos cuadras, puedo confirmar eso. Está cerca de las avenidas y calles comerciales así que no tendrá que alejarse mucho para comprar comestibles. Eso sí, el edificio es muy estricto con el tema de la música alta y ruidos nocturnos.

—No haré fiestas. No es mi estilo. —Susurró Pupi.

—Es una chica muy tranquila, por esa razón aceptamos que se quede sola algunos días al mes. —Su madre mintió. No veía mentir a su madre muy seguido pero entendió porque lo hacía. No quería que la señora supiese que viviría una chica sola por un año.

—¿El contrato debe hacerse por dos años? ¿Si en un año queremos rescindir el contrato que sucede?

—Sí, en caso de querer finalizarlo antes, deberán pagar una suma de dinero, así lo indica el contrato.

Su padre paseo por el departamento una vez más.

—Tengo varias personas interesadas. El bajo costo llamo mucho la atención. —Los apuro la señora.

—Bien. Me gusta. —Finalmente sentenció su padre. — Lo alquilamos.

Pupi quería saltar y gritar de alegría, pero no sería una actitud muy madura así que se limitó a sonreír como una tonta.

Su madre que la conocía muy bien le acaricio la espalda para hacerle saber que la entendía.

Ya en el ascensor la señora dijo: —Ah, las mudanzas se realizan únicamente sábados y domingos para no complicar el uso del ascensor durante los horarios laborales de los vecinos.

—Nosotros viajaremos el viernes, ¿Podemos traer pequeñas cosas durante la semana para que ella se ocupe de lo menos posible el fin de semana?

—Mientras lo hagan en horarios que no moleste a los vecinos y sean cosas pequeñas supongo que no habrá problema.

Su padre la miro —Mei puede ayudarte el sábado.

Asintió. Mei tenía turno con la psiquiatra de la madre pero no le diría eso. De todas formas siguió hablando con la señora sobre dinero.

—Puedo viajar el lunes —Le susurró su mamá.

Las puertas del ascensor se abrieron y la señora y su padre salieron primero.

—No, ma. Voy a estar bien. Debo hacer esto sola.

—Me cuesta creer que te dejemos sola por tanto tiempo. Tu papá realmente me sorprendió al tomar esta decisión.

—Voy a estar bien, lo prometo. Gracias por confiar en mí.

—Espero no estar cometiendo un error.

Su madre la abrazó antes de bajar del ascensor.

***

Finalmente, lo único que habían llevado en la semana fue la cama y el lavarropas. Este último se debió a que el que estaba en el departamento era algo viejo.

Dado que el lugar estaba amueblado no hubo necesidad de llevar más nada.

En lugar de hacer la mudanza al departamento, llevaron las cosas con sus padres a un depósito, y en caso de necesitar algo sólo debía buscarlo ahí.

—¿Algo más? —Pregunto Mei. Ayer se había quedado a dormir para ayudarla con el resto.

—No. El camión de mudanza debe estar por llegar. —Los había citado para las 9am, faltaban 10 minutos.

—Bien. No puedo quedarme mucho, a las doce tengo turno con el psiquiatra de mamá, y si yo no voy ella no va.

—Lo sé, gracias por ayudarme.

—Quiero verte lavar la ropa. —Bromeó.

—Algo que tendré que aprender. —Suspiro pesadamente.

—Y cocinar, y limpiar. Creo que vas a extrañar más a Sandra que a tus papás.

Ambas comenzaron a reír. No quería admitirlo, pero ahora que era un hecho que viviría sola, comenzaba a temer por todas aquellas cosas que no sabía o conocía. Era una nueva experiencia y empezaba a ser aterradora. ¿Lograría hacerlo? ¿Cuánto tiempo le llevaría llamar llorando a sus padres para que la lleven a México?

—Vas a estar bien. —La abrazo Mei, adivinado la dirección de sus pensamientos. — Cuando la cosa se ponga aterradora estoy a una llamada de distancia.

Se aferró a su amiga. Había permanecido tranquila delante de su mamá, no quería demostrar lo asustada que estaba, era un alivio poder relajarse un poco y tener a su mejor amiga sosteniéndola.

Haría esto, no importa lo aterrador que se viera.

El camión de mudanza llegó, y entre todos lograron subir y bajar las cajas realmente rápido. Para las once de la mañana ya tenía todo en el departamento.

—Pensé que tu papá te había instalado el lavarropas.

Se encontraba en mitad del comedor.

—No, lo trajimos el jueves a última hora con mamá, él estaba en el trabajo. Son las once, anda antes que se te haga tarde.

—Pregunta en portería si el señor puede ayudarte con eso.

Su mamá le había dicho lo mismo. Le sonrió a su amiga.

—No te preocupes. Anda con tu mamá.

—No quiero hacerlo, pero bueno... te llamo a la noche.

Se abrazaron.

La acompaño hasta la calle y cuando regresó se quedó mirando su nuevo hogar. Realmente estaba pasando. Vivía sola.

El chico que vivía acá no había puesto mucho esmero en decorar. Todas las paredes eran blancas, el sillón de dos cuerpos negro, y la mesa de té del mismo color.

Había una mesa para cuatro personas, pero sólo dos sillas. Le daría algo de color con los adornos en el transcurso de la semana. Ahora se ocuparía de su habitación.

Su madre le dijo que la otra habilitación podría destinarse para invitados o un escritorio. Todavía no había decidido eso. Observando la cantidad de cajas que decían "Ropa", tal vez terminaría siendo un vestidor.

Comenzó a acomodar las cosas lentamente. Buscando el lugar perfecto para cada cosa. Para las tres de la tarde ya tenía su habitación parcialmente ordenada, aunque tenía mucha ropa aún desparramada y otro tanto en cajas.

Se dejó caer en el sillón.

—Tengo hambre y sueño.

Sabía que la heladera estaba vacía, tendría que bajar a comprar algo.

Fue al baño y se lavó las manos y la cara. Busco la billetera y el celular en su habitación. Tomo las llaves sobre la mesa de té. Cuando iba a abrir la puerta escucho como alguien colocaba las llaves en la cerradura desde afuera. Dio un paso hacías atrás.

¿Alguien sabía que estaba viviendo sola? ¿La señora de la inmobiliaria la había vendido? Tranquila. Podría ser la dueña del departamento. Pero la señora sabía que el departamento estaba alquilado, lo lógico sería que toque timbre, ¿no?

Una vuelta. ¡Hay por Dios! Tomo su celular del bolsillo trasero de su pantalón. Alguien estaba intentando entrar a su departamento. Sus padres eran los únicos con una copia de la llave y ya estaban en un vuelo a México. Mei no tenía llave.

Dos vueltas. Marco 911. Las manos le temblaban, miro hacia la pantalla y vio 912. ¡MIERDA! Intento borrar pero la puerta se abrió. Grito.

Comenzó a correr hacia su habitación mientras intentaba marcar de nuevo. No vio la caja en el camino, tropezó y cayó al suelo. El celular salió volando y fue directo bajo el sillón. Busco algo que le sirva de arma.

—Qué... ¿Estás bien? —dijo una voz masculina.

No respondió. Tomo una de las figuras de acción de un anime y se lo lanzó a su invasor que maldijo en voz alta.

Busco un nuevo proyectil y se preparó para lanzarlo.

—¿Guadalupe? —Pregunto la voz.

Y entonces lo miro.

Esto no podía estar pasando.

—¿Ian?

Soltó lo que sea que había agarrado.  

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